jueves, 2 de agosto de 2012

El viaje.

Hola. Lo que están leyendo en estos momentos salió luego de pensar en hacerlo muchos días y ejecutarlo en más de una noche donde no podía (o más bien, me rehusaba semi-conscientemente a) dormir.

Convencido de que la vida en Estados Unidos me va a cambiar, quiero dejar una especie de testamento de las cosas que creo hasta ahora, también para evidenciar que el cambio (espero) no será en las cosas importantes, y más será una mejoría y un empujón para hacer las cosas de mejor manera, y también, saber dónde y a quién recurrir para lograr lo propuesto.

Usted probablemente se pregunte: "¿Estados Unidos?" Yo le diré "claro." Resulta, por si no sabe, que me voy a estudiar un doctorado en Ciencia Política a la Universidad de Pittsburgh, así que dejaré mi querido y hermoso Chile (entiéndase como, más que Santiago) por un tiempo considerable. Al mismo tiempo, no creo que visite este blog de forma recurrente, ya que no sé si me queda tiempo para dedicarle a algo que nadie presta atención, cuando uno de sus objetivos es eso mismo: que le presten atención. Para eso, mejor escribo en un diario de vida, o experimento con escribir historias, y nadie se entera de nada hasta que se vean los frutos de ello. En fin.

Me voy de mi país con un sentimiento de que, en general, las cosas se pueden hacer mucho mejor. De hecho, mucho tiempo he pensado que el lema del país debería ser algo como "Chile: las cosas podrían andar tanto mejor!" Me parece que nací en un país que es un buen país, pero uno que es generoso (y bastante) con personas con las que no tiene que serlo siempre, y es tacaño con la gran mayoría, cuando tampoco tendría que serlo. Eso sí, no creo ni que haya que tirar a los militares a la calle, ni que las grandes alamedas se tengan que abrir pronto. Creo, reduciendo todo a una extremadamente simple oración, que hay que hacer cosas, más que hablar sobre que las vamos a hacer, y que, por extensión, las justificaciones por no hacer algo son irritantes.

Como esto puede convertirse en una discusión un poco complicada y larga, cortaré por el lado sano, que se relaciona con mi especialidad. Yo creo que la política está en todos lados, en todas las relaciones personales, y renegar de ella es un tanto ridículo. Al mismo tiempo, y a pesar de que a cada rato me quieren convencer de lo contrario, creo que la gente es inherentemente buena. Si entendemos la política como la relación de poder de un individuo o ente sobre otro individuo o ente en una sociedad, y cómo nos ordenamos dentro de ella para llegar al mejor escenario para todos, estas relaciones siempre están presentes, e incluso pueden variar de sentido si cambiamos el foco que utilizamos para el análisis, y también poseer distintos niveles de importancia, dependiendo de la situación. Así, por ejemplo tenemos: mucha gente es más alta que yo, pero yo corro más rápido los 200 metros planos que muchos de ellos. En unas olimpiadas escolares más sirve correr rápido, así que mis chances de ganar medallas es mayor que la de esos chicos altos.

Estas relaciones de poder no tienen por qué estar en una pugna constante, si no que todos podemos trabajar hacia la consecución de fines parecidos a todos, con las virtudes de las que cada uno dispone. Bajo este supuesto, la política es necesaria, y más que a unos pocos, necesita a un variopinto de individuos y de realidades. El problema es que el ejercicio de la política y la contrastación de opiniones diversas y las propuestas de cambio al status quo son ejercicios que, en su mayoría, requieren de mucho tiempo y paciencia. Estos son recursos muy escasos, por lo que las empresas, cualquiera que éstas sean, se pueden convertir en utópicas rápidamente y desilusionar a muchos en el camino.

De esta forma, la consecución de estos fines requiere de gente comprometida con el bien común, y que, a pesar de pertenecer a una élite privilegiada (que en este caso sería la de los gobernantes), recuerde que las decisiones se toman para todos. Tomando a Rawls y su teoría de la justicia por enésima vez, se necesita de gente que se coloque un velo de ignorancia sobre la situación actual de todos los actores en juego, y llegue a soluciones que beneficien a la mayor cantidad posible de personas del total del grupo afectado. Esto logra que la gente aprecie la labor de quienes están en dicha élite, y no encuentre razones para denostar su trabajo, o acusarlos de poner sus intereses por sobre el interés general, o inicie las peleas chicas, que tanto tiempo toman y no tienen ningún sentido. Esto último finalmente invita a la apatía y al desapego de los ciudadanos hacia el ejercicio del poder dentro de la misma sociedad en la que viven, se desarrollan y mueren. Ejercicio, este último, que va un poco contra el sentido común. Así, se genera un círculo donde no se sabe el inicio, que involucra por un lado a gente responsable y comprometida con los ideales de su entorno, y por el otro a una élite que responda a esos ideales y que los siga por sobre cualquier interés propio.

Ahora, enseñar esto en la práctica no es fácil, pero creo que la formación de gente como yo puede ser (aunque es sólo un factor) parte de la solución. Es importante dotarnos de mayor experiencia y de ejemplos de otras partes del mundo (buenos y malos), y obtener herramientas para saber transmitir los conocimientos a quienes quieren escuchar. Eso sí, una condición necesaria es que el capital humano sea reconocido de vuelta en el país, y no sólo en la capital. Con esto me refiero a que se tengan las condiciones físicas y técnicas para recibir a gente preparada para llevar las riendas de los cambios generacionales, así como también que, en varios ámbitos, se abran las mentes a otras experiencias y a que las cosas siempre se pueden hacer de otra manera.

Al mismo tiempo, el acceso a la información es un elemento clave para que los ciudadanos se empoderen, y no compren cuentos baratos de gente que sólo busca satisfacer deseos de grandeza. La política es tarea de todos, y todos podemos ayudar a sacar de carrera a candidatos populistas y votar a los candidatos que hablan lo suficiente, pero que tienen real capacidad de desafiar el orden establecido a través de sus acciones. Esto no necesariamente tiene que conducir a revoluciones radicales cada cuatro años, si no a gobiernos más horizontales, menos cortoplacistas y con resultados importantes en temas importantes.

Los medios (cómo me gusta hablar de ellos!) tienen una labor importante en dicho empoderamiento, y considero que ellos (refiriéndome aun a los medios tradicionales, que poseen la mayoría del alcance actual) tienen una decisión que tomar, que hasta ahora ha sido casi siempre la incorrecta. Al entregarse a las leyes del mercado y de la venta de productos, así como al people meter, han sucumbido (principalmente la televisión) al oligopolio del avisaje y a las parrillas programáticas mediocres. Sería bueno que los medios tomaran su deber más seriamente, y que puedan responder por los actos que cometen (por ejemplo, ser amarillos en la información y entregar información errada) de una manera más recurrente, y con sanciones más severas. Al mismo tiempo, medios menos convencionales deben ser adquiridos y legitimados. Con esto me refiero a foros en internet, a podcasts y otros.

Por todo lo anterior, mis ganas de volver a Chile a trabajar por mis compatriotas son muy grandes, y ahora mismo me cuesta mucho dejar mi tierra, pero las travesías por el desierto ayudan a todo el mundo. Si bien, esta será una travesía con más bondades que dificultades, cabe en la definición debido a que es un camino de aprendizaje y de desafíos (en este caso, intelectuales) que obviamente me hará retornar más fuerte y más sabio, dispuesto a devolver en actos tanto a quienes me dieron la oportunidad de partir, como a quienes pueda con el alcance de esos mismos actos.

Eso sí, me gustaría mucho que en el intertanto exista un aprendizaje cultural que nos permita ser más abiertos, tolerantes y menos discriminadores (aunque encuentre que la palabra se usa mal; yo prefiero el término segregación), racistas y menos bocones (o mejor dicho, que nuestra proporción de actos versus lo que decimos que vamos a hacer sea más cercana a 1). Este país podría estar mucho mejor de lo que está hoy en día, y algo de lo que no nos percatamos es que todos podemos aportar en algo para que el resto  esté mejor. La vida en sociedad nos necesita a cada uno de nosotros, ya sea haciendo lo que mejor hacemos o lo que nos más nos gusta, para que se pueda alcanzar el máximo potencial de cada vez más individuos.

Es un trabajo conjunto, y todos tendríamos que creer que somos responsables de los demás, que somos parte de sus éxitos y que sufrimos sus fracasos, y que estamos para el otro cuando ellos caigan, así como cuando alcanzan sus sueños. Cuando confiemos seremos mejores... pero para confiar hay que actuar de manera correcta, pase lo que pase. Esto último podría partir (pero no necesariamente se remite sólo a ellos) con nuestros gobernantes, que deben olvidarse de tener a la política como un negocio redondo, y deben entenderlo como un real servicio a la sociedad. Este es el tiempo de los cambios, y espero que en un tiempo más se puedan generar amplios y serios debates y podamos contemplar cuánto hemos mejorado en menos de una década.

Bueno, si leen esto y creen que les sirve para algo, me lo pueden contar. Me gustaría saber qué tanto puede ayudar todo lo que hago en el resto, y honestamente, si puedo compartir los frutos y resultados de esta experiencia con alguien más, todo se hace más gratificante.

Que sea un buen viaje para todos.

El discurso

Este, como casi todo mi blog en realidad, es un ejercicio de futilidad. 

Después de ver tantas veces y por tanto tiempo que los presidentes chilenos parecen sucumbir a un supuesto mal que aqueja a quien llega a ese puesto, que es ser extremadamente correcto con todos los integrantes de la élite política (donde se aplica perfectamente el dicho "otra cosa es con guitarra", luego de la guerra de promesas entre los candidatos, que tanto mal nos hace), decidí redactar un discurso que recomendaría seriamente para ser utilizado por un nuevo Presidente. Creo que el país debería replantearse seriamente muchos temas, y tomar acción al respecto. Esto puede que nos ayude a convivir mejor de cara al futuro. Aunque sé que la cosa puede dar para mucho más, y hay temas que podrían discutirse más o mejor, aquí va mi humilde intento.


Queridos ciudadanos y compatriotas:

La alegría que me embarga es inconmensurable, este es un día donde una vez más ha ganado la democracia y el sentir de la población chilena. Les hablo desde mi corazón cuando les digo que haré todo lo que está a mi alcance (y luego un poco más) para hacer de esta nación un país más justo, más igualitario y uno mirado como referencia a nivel internacional en diversos ámbitos positivos.

Vamos por parte. Presidentes anteriores tenían en mente un desarrollo económico sin mayores reparos y casi por el afán de lograrlo, para estar posicionados con países de realidades que ni siquiera se comparan con la nuestra, y por una miope creencia que el desarrollo económico es el único factor de aumento en la calidad de vida de los ciudadanos de un país. Es por esto que quisiera dedicar mi tiempo en La Moneda para legitimar otra forma de desarrollo, uno que va de la mano con otra forma de vivir, y que se centra principalmente en los ciudadanos. Un desarrollo que cumpla con todos los alcances de la palabra, pero cuyo enfoque está en cada uno de nosotros, en nuestro trabajo, en una recompensa adecuada por el mismo, y por los frutos que todos cosecharemos en el futuro.

Quiero que esto quede muy claro: no se trata de ideología. Quien les habla no se siente para nada socialista, ni menos comunista. Lo mismo para el otro lado del espectro político. Se trata de alguien que ha observado distintos tipos de realidades de mucha gente en distintos lugares del mundo, y cree que ha llegado a una visión sincera y honesta de cómo deberían ser las cosas, y siente que ha llegado el momento de aplicarlo en este hermoso país, donde tuve la fortuna de nacer, y que hoy tengo la fortuna de gobernar junto a mi equipo. No se trata de ejes anacrónicos, si no de personas que quieren lo mejor para otras personas, asumiendo que cualquiera podría estar en el lugar del otro.

Sé que tendré que enfrentarme a un Congreso que tiene su propia visión de las cosas, pero ese poder del Estado, aunque muchos puedan creerlo así (y de forma equivocada, a todo esto), no está ahí por nada. La idea es llegar a consensos y a leyes justas para la mayor parte de la población. El problema que se ha presentado hasta ahora es que quienes gobiernan han buscado, en su mayoría, vivir de la política y no vivir para ella. Parte de esto es el descabellado sistema que tenemos para vivir y trabajar, que nos impide a todos desarrollarnos como podríamos.

Este país tiene lo que pocos tienen: una diversidad climática y recursos naturales que pueden brindarnos bienestar. Sin embargo, no hemos sabido aprovechar bien lo que nos ha tocado, y permitimos que influencias externas dicten nuestra forma de relacionarnos con todo lo que puede ayudarnos a mejorar considerablemente nuestra calidad de vida. Así hemos permitido que se nos obligue a trabajar hasta matarnos, y no vivir hasta que, a veces, es demasiado tarde.

Si bien esta no es una invitación al aislacionismo - debido a que necesitamos a los países de la región, con quienes formamos una singular unidad llena de gente maravillosa y cuna del nuevo mundo - es el momento que Chile se tome un tiempo para pensar en su población y en qué quiere ser dentro de las próximas décadas. Ya hubo gobiernos que trabajaron incansablemente en otros temas, pero llegó la hora de utilizar los recursos disponibles para trabajar en nosotros mismos.

Esto lo vamos a lograr como país. Esto no se trata de una persona, o una élite política tomando las decisiones por los demás, sino que es un plan de gobierno, más allá de los colores políticos, de la ideología, y absolutamente en contra de la idea del cortoplacismo para la acción. Si bien es esto último lo que sirve de combustible para la pelea chica y la promesa fácil, sólo los candidatos mediocres y los electores miopes pueden caer en un juego así por tanto tiempo. Nosotros somos mejores que eso. Ha llegado la hora de cambiar la política y la sociedad chilena, desde dentro.

Chile es un país muy rico, y con una capacidad de serlo aun más. Si recolectamos mayor cantidad de royalty por todo lo que explotamos de nuestros ricos suelos, si llevamos cuentas claras sobre los impuestos a las empresas y somos inteligentes con la situación del litio, por ejemplo, sumando todo esto a la excelente capacidad actual de recolección impositiva del país, podemos disponer de arcas muy grandes. También tenemos que considerar mejorar impuestos como el IVA o al libro. Pero, tal como la idea del mercantilismo se puso en duda en siglos anteriores, tener riquezas para guardarlas es contraproducente.

En mi cabeza no cabe la idea de que, por ejemplo, una ciudad como Calama no tenga lo último en tecnología, un hospital de calidad nacional, amplias redes de transporte, colegios de gran calidad y un capital humano competitivo en diversas áreas, siendo que aporta la primera fuente de riqueza del país, en el cobre extraído de minas como Chuquicamata. En el sur de nuestro país, la Patagonia podría estar tanto mejor. Quizá otro país sabría aprovecharla mejor, y eso es imperdonable. La regionalización es una deuda muy grande y algo que ha estado pendiente desde siempre. Esta agenda presidencial tendrá la descentralización como tema prioritario, y no permitiremos que se posponga aun más.

Otro tema se relaciona con la desigualdad. Que un 1% de la población esté en posesión de más del 40% de los recursos del país es simplemente inaceptable. Que el pan y los libros tengan un impuesto tan injusto, aplicado por igual desde el chileno más pobre hasta el chileno más rico, es inaceptable. Que un kiosco pague más dinero en permisos que una cadena de supermercados es inaceptable. Que exista colusión en muchos ámbitos del mercado es inaceptable. Y ojo, también es inaceptable que dos coaliciones concentren todo el poder político, cuando apenas la mitad de la población se identifica con ellos.

Quisiera que en nuestro país nos replanteáramos muchos temas. No sólo la educación como estructura rígida, sino que por parte: ¿está bien como educamos a nuestros niños? ¿no deberían tener más horas de ocio? ¿no necesitan cultivar sus mentes de otras maneras que hoy no tienen cabida? No sólo el trabajo como estructura rígida, sino que de manera desagregada: ¿no trabajamos mucho? ¿logramos lo que queremos con lo que hacemos? ¿tenemos una buena vida fuera del trabajo? ¿qué tal si trabajamos por resultados más que por horario? ¿hemos pensado en jornadas diferenciadas?

La labor de los medios de comunicación también es algo que debemos replantearnos. Aparte del hecho, de nuestra vergonzosa gran singularidad, de que los medios están concentrados por un puñado de grupos de poder, y no todas las visiones son escuchadas (otro lugar donde existe un oligopolio, para gran sorpresa), aparte de esto, ¿no les parece que deberían ser una estructura con amplia capacidad de rendición de cuentas? Si todos tenemos que rendir cuentas en nuestros trabajos, y los políticos debemos ser capaces de aceptar la responsabilidad cuando se hace algo mal, ¿por qué los medios pueden decir lo que se les dé la gana, sin tener verdaderos mecanismos de retribución?

El denominado "cuarto poder" tiene el deber de ser imparcial, pero su sentido de la "información" siempre parece estar supeditado a la publicidad y a quienes pagan por sus avisos. Hasta la televisión pública ha caído en el juego, y se ha nivelado hacia abajo en cuanto a contenidos. El deber moral de educar se ha olvidado, y se ha dado paso a una lucha sin control por la cantidad más que la calidad. Esto es culpa de todos: de los legisladores por permitir que los negocios se tomen todos los aspectos de nuestras vidas; de los consumidores que no parecen tener gusto y empeñan la moral por un rato de diversión; y de los dueños de los distintos medios, quienes se aprovechan de los vacíos. Esto debe cambiar.

La forma de hacer las cosas en este nuevo tiempo no es una que haya que inventar o descubrir. El actual sistema, tal como está, ya ha probado ser insuficiente, y ahora hay que sumarle otra problemática: no es sostenible al largo plazo. No es ni siquiera sostenible al mediano plazo, por lo que sería bueno comenzar a actuar.

Este plan de gobierno contempla una vuelta hacia nosotros mismos, evaluando qué necesitamos de manera más urgente, y qué podemos cubrir con los amplios recursos de los que, afortunadamente, disponemos. La educación y la salud son nuestra primerísima prioridad. Más vale gastar un peso en salud temprana que uno en remedios que, más encima, tienen en su mayoría efectos secundarios. Más vale gastar un peso en infraestructura educacional que uno en planes anti-drogadicción para jóvenes que no supieron valorar sus propias capacidades, por no contar con las herramientas intangibles que otorga la educación.

El acceso a la vivienda, al trabajo y a un transporte público óptimo son los problemas que siguen en la agenda. Es importante brindar viviendas de calidad, salarios justos y conectividad para todas las regiones del país. Siguiendo con esto último, es imperativo aprobar legislación en pro de la regionalización y del acceso a subsidios y dineros para estimular el desarrollo de las regiones. La descentralización está en el siguiente nivel de la agenda de gobierno, y constituye un tópico de especial relevancia, tanto por los crecientes problemas que presenta Santiago como receptora de nuevos migrantes, así como también con la injusticia hacia otras regiones, que no son recompensadas por todo lo que entregan a la riqueza general del país.

Esta administración también hará un esfuerzo consciente de evidenciar el discurso oculto bajo el cual se vive en las sociedades occidentales, y si bien, no se muestra como un ferviente contrario al mismo, sí es un incansable crítico, y espera que un reconocimiento de sus virtudes y sus defectos pueda ayudar a construir una nueva forma de vida, adaptable a este maravilloso país. Al mismo tiempo, una limpieza de la imagen de la política es menester en una democracia que no quiere cometer errores ya cometidos. No hay que ir muy lejos (ni geográficamente, ni en el tiempo) para darse cuenta de lo que podemos llegar a ser si somos ciegos a lo que ocurre cuando damos la espalda a los valores democráticos y republicanos. La crisis de representatividad actual debe acabarse, antes que ésta acabe con nuestra democracia.

Sin más, espero que todos podamos trabajar en esta gran tarea que requiere un pensamiento al mediano y largo plazo, sin caer en la fácil tentación de la promesa inmediata y del retorno sin sacrificios. Para esta tarea necesitamos gente dispuesta en creer en el bien común, y en que el trabajo para un país mejor requiere de sus integrantes poniendo su grano de arena. Espero poder ser el líder de este nuevo Chile, uno con ganas de salir adelante, que destaque por la calidad y calidez de su gente, y porque las cosas se hacen tan bien como podrían hacerse.

Muchas gracias.

viernes, 16 de septiembre de 2011

¿Y la autocrítica?

Hoy quiero tocar un tema (que vengo rumiando hace por lo menos dos años D:) que parece evitarse en la vida actual. ¿Cuál es el problema de la gente (no quiero decir de los chilenos, porque puede que este problema se extienda más allá de nuestras fronteras) con la autocrítica? ¿Por qué hay una evidente falta de este precioso elemento en la actualidad?

Vamos por parte. La crítica es un elemento que yo entiendo como una colaboración (no necesariamente de una sola persona, y no necesariamente pedida) hacia el trabajo, las acciones, o las consecuencias que dichas acciones trajeron, por parte de otra(s), que está formada de observaciones de diverso tipo (de ningún modo solamente negativas, pero pueden estar presentes) que en su manifestación más purista carecen de maldad, sesgo, o parcialidad, debido a que no defienden una posición más que aquella que considera el perfeccionamiento de dicho trabajo o acciones, o bien buscan minimizar el efecto negativo de las consecuencias que dichos actos arrojaron. Es decir, yo entiendo la crítica como un ejercicio honesto de análisis para mejorar algo que a vista de quien me hizo la observación, tiene espacio de mejora. Y es algo que no tiene nada que ver con hacer sentir mal a la otra persona, o para mostrar superioridad sobre ella.

Quiero tratar de ser lo más claro al respecto, porque siento que se abusa de una interpretación del término "crítica" que involucra un interés o búsqueda de afectar el aspecto emocional de la persona que está sufriendo dicha crítica (o sea, hacerlo sentir mal) cuando eso puede perfectamente no ser así. Por poner un ejemplo: si yo reviso un trabajo de un amigo y veo que no está justificado, lo que le diré será: "oye wn, te falta justificarlo". Con eso le estoy diciendo precisamente eso, y no: "eres un idiota y no sabes escribir, más encima no lo justificas", o "es súper básico justificar un trabajo, yo lo hago". Al mismo tiempo, la repetición de críticas no hace necesariamente que haya un afán de descalificar, sino simplemente que hay demasiado espacio para mejorar. Probablemente la asimetría de información es muy grande... qué sé yo.

Y bueno, lógicamente, se desprende que la autocrítica es el ejercicio de introspección y análisis de nuestros propios actos, palabras, o consecuencias de cualquiera de éstos en los demás, y evaluar si hay caminos de respuesta en caso que se haya incurrido en alguna especie de daño hacia el otro. Pero no necesariamente hay que actuar cuando haya un daño hecho: la autocrítica tiene la ventaja de ser preventiva (la crítica solamente puede ser reactiva), por lo que puede evitar que cosas salgan de nuestra mente antes que sea muy tarde. Al mismo tiempo, sirve para evaluar el alcance de nuestras acciones y si lo que hacemos/decimos/sentimos/expresamos tiene sentido para los demás.

Así las cosas, la capacidad de evaluar el propio comportamiento, y la posterior habilidad para asumir responsabilidades y costos es un elemento relativamente ausente en nuestra sociedad, y es algo que va desde arriba hasta abajo. En otras palabras, y en lo que respecta a Chile, siempre ha costado que el gobierno de turno asuma responsabilidades, y eso también se ve (no necesariamente como una consecuencia) en el individuo común y su actuar cotidiano. Lo que yo encuentro extraño, eso sí, es que la  gente conoce la autocrítica, pero parece invocarla en los momentos más extraños. Por ejemplo, cuando uno habla en público. Ahí, ¡claro!, ahí, en ese preciso momento, somos los más tontos, los que menos deberíamos estar allí, y un sinfín de otras razones, porque puede venir el más estúpido y destruirnos incluso físicamente con una intervención o pregunta. Sin embargo, en otros momentos (en la mayoría) la autocrítica brilla por su ausencia.

En mi humilde opinión, me parece que una de las causas de esto es porque estamos (mal)educados para fijarnos principalmente en lo que nos corresponde como seres humanos, hijos, padres, hombres, o en la categoría que quepamos, buscando de esta forma nuestros derechos en todo aspecto; pero al mismo tiempo, se nos formó para pasar más o menos por alto nuestras responsabilidades, o deberes con nuestra sociedad y con el otro. Es decir, se nos acostumbra a exigir y recibir beneficios pero no a asumir los costos, que (variando los caminos) de todos modos son intrínsecos a cualquier acto.

Poniendo un ejemplo: en una pelea lo más fácil es pararse e irse (oj), cuando siempre es importante escuchar lo que el otro quiere decir. Muchos malos entendidos se han dado porque uno asume cosas y no escucha a la otra parte. Después de una discusión, lo más fácil es echarle la culpa al otro, pero si pensamos bien, una discusión casi nunca es por alguna queja unilateral: casi siempre es porque uno hizo algo. Pero nos encanta perder tiempo enojándonos, cuando lo que deberíamos hacer es preguntarnos: ¿estoy haciendo algo mal? ¿estoy actuando injustamente? Y ponerse en el lugar del otro ayuda bastante para lograr responder esas preguntas.

Concedido, uno puede enojarse mucho con otra persona porque dicha persona realmente hizo algo estúpido. Sin embargo, creo que cerrar la puerta es una opción que (en la mayoría de los casos, no digo que no haya situaciones donde alguien sí tenga completamente merecido irse a la cresta) se está poniendo añeja. Yo lo hice alguna vez, y en realidad no puedo rescatar nada valioso de ello. No estoy diciendo que me arrepiento, pero lo que sí estoy diciendo es que no saqué nada en limpio. También lo han hecho conmigo, pero yo no soy quien para hablar de las consecuencias de eso.

Con esto no intento decir que la gente no haga cosas, sino que haga lo que desee, pero con responsabilidad. Tampoco estoy diciendo que todos nos tenemos que llevar bien con todos, sino que invito a mirar los conflictos o discusiones como oportunidades de crecer, y no como ataques personales. Si al final, lo que uno da a otros, se lo termina dando a uno mismo; así como lo que no da, se lo está quitando a sí mismo (Jodorowsky, tienes la pinta y hasta el nombre de chanta, pero cuando te leí todo lo que dijiste me hizo perfecto sentido, te creí!). Por eso creo que siempre es mejor hacer lo que uno quiere hacer, pero siempre asumiendo responsabilidades y potenciales daños, siendo cauto en el actuar, pero entusiasta en las posibilidades de aquellos actos. Después de todo, quien no se arriesga, no cruza el río, y si no arriesgas, no ganas.

La vida (como la conocemos) es una sola, así que los invito a explorarla, con todo lo que traiga. Vamos.

PS: Tengan unas muy buenas Fiestas Patrias! Aprovechen la excusa nacional para tomar como enfermos y pásenlo extraordinario! Eso sí, traten de no morir en el intento. Nos veremos a la vuelta.

sábado, 28 de mayo de 2011

Un año más... ¿qué más da?

Lamento haber dejado a tanta gente colgando desde el tema anterior. Veo que mi equipo de basketball favorito y mi historia con ellos claramente interesó a muchos. Disculpen la demora, pero acá va el desenlace de la historia... Los Kings no se van! Después de mucho pensarlo (y de una sutil recomendación de la liga), los dueños decidieron quedarse un año más, mientras se trata de concretar una iniciativa para construir un nuevo y flamante estadio en alguno de los condados de la ciudad.


Honestamente, esta es una estadía muy condicionada, y los Maloof (apellido de los dueños) tienen el absoluto permiso de la liga (a través de su comisionado, David Stern) para irse de la ciudad una vez finalizada la siguiente temporada si los intentos de lograr construir el recinto fracasan. De esta forma, a pesar del interés gigantesco que ha habido por comprar localidades para todos los partidos en la temporada que viene, el equipo igualmente puede hacer sus maletas si no hay un plan para edificar un estadio en el corto plazo.

La casa de los Kings, el Arco Arena (ahora llamado Power Balance Pavilion) en una foto de 2006.

Este es un ejemplo de la importancia que tiene el tiempo y las oportunidades para cualquiera de nosotros. Para la gente de Sacramento, esto ha sido casi como renacer: uno de sus mejores negocios (el único equipo profesional que poseen) se ha quedado, por lo menos por doce meses más, y ha recogido todo el ímpetu para comenzar la nueva temporada con llenos de público para gran parte del itinerario de los 41 partidos que tienen de local. Si bien esa no es la solución para que se queden, el apoyo ayuda a aumentar la esperanza de un pueblo para unirse en la causa final.

Como ven, un año más no es irrelevante: un año más puede significar la diferencia entre una persona preparada y una novata; un año más significa tiempo para levantarse después de las caídas, sacudirse luego de las decepciones, intentar por segunda vez, o incluso para tratar de recuperar a alguna persona de nuestro pasado. En resumen, un año más significa oportunidades. Oportunidades de arrepentirse, de aprender, de empezar de nuevo, de buscar, de encontrar, etcétera, etcétera, etcétera.

El tiempo es lo más valioso, y tenemos que dejar de dar las cosas por sentadas. La gente de Sacramento lo sabe: ellos están conviviendo con un reloj en la mano, y si no se ponen de acuerdo, sus (y mis) queridos Kings se irán de verdad... y esta vez no van a volver.

Anexo: Top 10 con las mejores jugadas de la temporada de los Kings.

miércoles, 13 de abril de 2011

El fin de una era. (?)


El baloncesto es mi deporte favorito. Tanto así, que sigo la NBA con pasión, me sé el nombre del 98% de los jugadores que la conforman, soy fanático de un podcast sobre la liga, juego un juego de fantasía (donde tienes que armar tu equipo y competir en una liga con gallos igual de ociosos que uno), y compré la temporada completa para poder verla desde mi computador.

Recuerdo hace muchos años atrás haber seguido las series de postemporada de equipos como Chicago Bulls (quién no), Atlanta Hawks, Utah Jazz (mi equipo favorito en mis años mozos: "Stockton to Malone!"), New York Knicks, Seattle Supersonics, entre otros, por la televisión por cable. También tenía un pequeño aro en mi pieza, con el que me volvía loco creyéndome Michael Jordan y jugando series infartantes contra Patrick Ewing y compañía.

Así fue pasando el tiempo, y aparte de tratar de jugar la mayor cantidad del tiempo (con la evidente escasez tanto de recursos como de infraestructura), trataba de seguir las transmisiones de partidos, que poco antes (y aparentemente, debido a que no volvieron más) habían fracasado en TVN. Fue de esta manera que el año 1999 llegué a una serie de postemporada entre Utah Jazz, uno de los equipos más poderosos del momento, dos veces finalista de la NBA en las temporadas pasadas (y dos veces perdedor contra unos tales Chicago Bulls) y los Sacramento Kings, un equipo perdido, del Oeste de los Estados Unidos, sin mucha historia en la cúspide del baloncesto.

Como fan de Utah decidí seguir la serie, pero me encontré con un equipo de Sacramento tan corajudo, tan lleno de ganas de sobresalir y con tanta sed de triunfo; junto con una de las mejores hinchadas que hube visto en mi vida (tampoco había visto muchas para la época, pero no por eso no fue menos sorprendente), que no pude evitar, por lo menos, querer que la serie se alargara. Efectivamente eso pasó, y luego de ganar el segundo partido, disputado en Utah, Sacramento tuvo la chance de acabar la serie en su cancha, el Arco Arena, en un cuarto partido (con una serie para el mejor de cinco). Lamentablemente, arriba 2-1 en la serie, Sacramento terminó perdiendo ese cuarto partido 90-89 y luego perdió el quinto y último partido, en tiempo extra, en el entonces llamado Delta Center (aun lo recuerdo), en Salt Lake City. Me acuerdo haber visto el final de ese partido, y las serpentinas lanzadas en el estadio por haber vencido con lo justo, a un equipo recién llegado (era la segunda aparición de Sacramento en la postemporada desde 1986, con la anterior el año 1996).

Mi interés por la liga en su conjunto fue creciendo, al mismo tiempo que estos Kings dejaron metida la duda en mi fanatismo por el Jazz. Así las cosas, el tiempo fue pasando, y llegamos a una nueva postemporada, donde Sacramento perdió con uno de nuestros futuros archienemigos, Los Angeles Lakers, 3-2 (nuevamente en el máximo de partidos), mientras Utah venció a los Seattle Sonics en la misma cantidad de partidos. Pero en algún momento, justo cuando el acceso a internet ya era más masivo (aunque seguía siendo por teléfono) decidí que el equipo que seguiría sería Sacramento, diciéndole adiós a los Jazz.

Al parecer la elección fue acertada, porque los Kings vivieron el mejor lustro de su historia en Sacramento, con seis apariciones posteriores en postemporada, y unas series infartantes con los mencionados Lakers (con una polémica tan grande sobre el arbitraje y un supuesto arreglo de partidos, que hasta tiene una serie de videos hechas por aficionados, que tiene sus mejores videos por aquí), con los Phoenix Suns y con los Minnesota Timberwolves, por nombrar a un par. El equipo formado por Vlade Divac, Chris Webber, Peja Stojakovic, Doug Christie y Mike Bibby será uno de los mejores conjuntos que alguna vez luchó por conseguir un campeonato, y lamentablemente (sea por las razones que sea) no lo consiguió.

Es por todo lo anterior que siento mucha tristeza al saber que esta noche probablemente se vaya a jugar el último partido de los Kings en la ciudad de Sacramento. Como todos sabemos (y algunos desearían que esto no ocurriera), los negocios tienen su lado malo, y un equipo que ya venía saltando de mercados chicos en mercados chicos, sufrió más que ningún otro luego de la recesión vivida hace un par de años en Estados Unidos. De esta forma los dueños del equipo comenzaron a estudiar otras ciudades para un eventual traslado, llegando a Anaheim.


A estas alturas, la única opción para que el equipo no se vaya de la ciudad, es que la junta de dueños de equipos (donde hay pura pobreza) vote en contra del traslado, cosa que nunca ha pasado antes en la historia. Es por esta probabilidad que al parecer ya está todo dicho. Sin embargo, la esperanza es lo último que se pierde, y existen intentos concretos para mantener a los Kings en Sacramento. Yo sólo espero que los Kings no se vayan, tanto por la historia vivida con ese equipo: las alegrías y las tristezas, las esperanzas y las decepciones; como también por su gente, una de las más leales, si no la más leal, con su equipo, a través de las 30 ciudades por las que la NBA se sitúa.

Chris Webber, mi ídolo deportivo de muchos años, el rostro de los Kings en sus años de gloria, y uno de los jugadores que más mereció ganar un campeonato (junto con Charles Barkley, John Stockton y Karl Malone (estos dos últimos, del Jazz), y muchos otros), sorprendió mucho hoy con declaraciones que revelan que ha estado haciendo "esfuerzos muy grandes" para mantener el equipo en la ciudad que lo quiso tanto por tantos años. A minutos de comenzar el último partido de la temporada regular (al igual que en los pasados cuatro años, este año no hay postemporada para Sacramento) "casualmente" frente a los Lakers, quiero compartir el video con ustedes, junto con depositar mi esperanza en algún día ir a ver a los Sacramento Kings, y no a los Anaheim Royals, jugar alguna serie de playoffs en un flamante nuevo estadio de la capital de California.

viernes, 25 de marzo de 2011

Talento Dosificado (3/3)


Esta es la historia de un hombre que se conformó, pero no por eso le fue tan mal. Este cuento se llama "Revelaciones [y renovación de un amor que se creía perdido]", también tiene 100 palabras, y de acuerdo a mi recolección de los hechos, lo escribí para el concurso de 2007 pero lo mandé al año siguiente. Aunque (por supuesto) podría estar equivocado.

Caminando por el parque me di cuenta que ya no te quería más. De repente cambiaste y ya no te importaban las cosas de antes. Decidido a terminar lo nuestro fui a tu casa. Estabas sorprendida de verme. Claro, seguro que tú tampoco me querías como antes. Querías decirme algo y te dejé hablar. Estabas embarazada. Cuando me tocó hablar, sólo atiné a decirte cuánto te amaba. El tiempo pasó y seguimos juntos. A pesar de todo, terminé queriéndote de nuevo, y aunque siempre me pregunto qué habría pasado si te hubiese dejado, fue mejor aferrarse a lo que tenía.

Esa fue mi selección de escritos, espero la hayan disfrutado. Igual parece que Fotografías era el mejor de todos, JA.

Chau.

PS: ¿Alguien sabe de una mejor página para hacer mi blog? Esta, a pesar de ser de Skynet, creo que deja MUCHO que desear.

domingo, 20 de marzo de 2011

Nadie le puede decir que no a la buena música: Passenger.


Si quiere más, busque "Walk You Home" (o "Night Vision Binoculars"), "Walk in the Rain", "Table for One" (y busque un cuchillo), o "Do What You Like".

Disfruten!

martes, 22 de febrero de 2011

Talento Dosificado (BT)


La edición especial de hoy es un poco clarividente y un poco agresiva, y la verdad ni siquiera sé si lo mandé para concursar. Pero cuando lo leí (revisando por vigésimo novena vez qué cuento sería el que elegiría como Bonus Track) me gustó el aire de desesperación y resignación que trajo consigo. Sin embargo, no tiene mucho que ver con la ciudad de Santiago y la vida en ella.

Este tiene que ser el más experimental de los cuentos de esta selección, su nombre es "Lo que quiero y lo que sé", tiene 88 palabras, fue escrito el año 2007 y modificado por última vez al año siguiente, y como ya dije, no sé si lo mandé a concurso. De todas formas, las probabilidades permiten concluir que no habría salido para nada.

Quiero que pienses en mí. Ya sea una ínfima parte del tiempo que yo pienso en ti. Así sabría que por lo menos estoy en tu mente. Deseo que el tiempo vuele cuando no estoy contigo, sólo para vivir con el alma cada segundo que estoy a tu lado. Quiero que creas en mí, a pesar que el tiempo apremia, y nuestras vidas pueden distanciarse casi tan rápido como cuando nos cruzamos. Quiero que decidas bien, porque no sabes lo que te perderás. Lamentablemente yo sí lo sé.

Este tiempo ha pasado rápido y ha estado lleno de cosas buenas. Sin embargo, quiero dedicarle tiempo a otras cosas, que echo de menos cuando no las hago. A pesar que nadie lea, siempre echo de menos escribir algo aquí, y a veces me sorprende no tener mucho que decir. Pero estoy trabajando en ello.

Hasta la próxima.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Talento Dosificado (2/3)


Hola nuevamente, intentando darle RCP a mi sitio, recordé (y me ayudaron a recordar) que tenía esta super iniciativa totalmente olvidada. En mi cruzada de enfrentar mis miedos - y al mismo tiempo, evaluar mis talentos - decidí publicar tres cuentos que elaboré para distintas versiones del concurso Santiago en 100 Palabras. Sin más demora, esta edición corresponde al segundo lugar, llamado "Fotografías", escrito para la versión de 2006, y que también tiene exactamente 100 palabras. Chúpense esa.

Me siento y miro a tu foto, que me mira sonriendo, pero no es realmente a mí a quien mira, sino a cualquiera que quiera mirarte. Pienso en ti y te miro de nuevo. Siempre estás esperando que alguien te mire para regalarle tu mejor perfil. Si hubiese sabido que el blanco de tu sonrisa era yo, no estaría acá hoy, sino que contigo en cualquier lugar, que no importaría, mientras estuviera contigo. Pero como nunca supimos interpretarnos el uno al otro sólo nos corresponde contemplarnos en momentos distintos, separados, mientras nos regalamos todo mediante sonrisas capturadas en el tiempo.

Nuevamente, muchas gracias por leer. Y si tienen alguna cosa que decir (cualquiera, de verdad, no olviden que tengo un monstruo que se alimenta de comentarios) pues adelante!

Hasta la próxima!

lunes, 18 de octubre de 2010

The Dark Knight.

Quise rescatar algo que posteé en Facebook hace casi dos meses atrás. Esto porque sentí que fue un posteo muy sincero, cercano a mí, y además porque quiero darle un sentido de mayor importancia a través de esto.

Antes de pegarlo, quiero añadir que el acompañamiento musical no me lo puedo sacar de la cabeza (aunque este video está a una velocidad aumentada), y tengo unas ganas terribles de volver a verla.
Ahora sí, el post es el siguiente:

No saben cuánto me llega este desenlace. El sacrificio de Batman al tomar toda la responsabilidad de los actos de Harvey Dent para que el mal no se reproduzca en la ciudad es simplemente notable. Al pedir que lo persigan, Batman pone sus intereses por debajo de la salud de Ciudad Gótica (que ya tiene gente de dudosa categoría), simplemente por el deber de hacer lo correcto.

"Porque esto es lo que tiene que pasar. Porque a veces la verdad no basta. A veces la gente merece más. Algunas veces la gente merece que su fe sea premiada."



A pesar que no hizo nada malo, él puede soportar malos tratos, persecuciones y la indiferencia del resto, porque ha dedicado su vida a proteger lo que atesora: que cada uno viva como desee. Cueste lo que cueste.