lunes, 7 de julio de 2014

A la FIFA! (parte 1)


Bueno, esto se tiene que acabar. No por nada sentí tantas ganas de postear en Facebook sobre el tema, y tampoco por nada estoy volviendo a escribir acá, después de dos años (!). El mundial de fútbol (o como quiere FIFA que lo llamemos, la Copa Mundial de la FIFA) es una de las cosas que más me gusta en este mundo, y que esa frase salga de mi boca (el hecho que algo me guste mucho) es casi milagroso. Ahora, para bien o para mal, tengo la manía de empezar a encontrar cómo mejorar las cosas que me gustan para hacerlas mejores. Después de un par de intentos fallidos, esta premisa descarta a las personas, que prácticamente no tienen arreglo (y en realidad esto no es malo, si todos tenemos nuestras pifias que sazonan la existencia). Eso deja todo lo demás a mi merced, y esto será lo que van a presenciar ahora: un intento más para mejorar algo que yo recibo, y dejarlo mejor para quienes lo recibirán en el futuro.

Este mundial está siendo uno de los mejores que he tenido la suerte de ver. Si bien la muestra no es tan grande, ya que Estados Unidos '94 es el primer mundial del que tengo recuerdos, probablemente este ha sido el mejor. He sido afortunado porque he podido ver casi todos los partidos, algo que religiosamente persigo cada cuatro años, pudiendo ver jugar a equipos como Algeria, Bélgica y Costa Rica, de los cuales se escucha muy poco el resto del tiempo. Además, y en una breve tangente, pude ser testigo del desempeño de la mejor selección chilena de la historia (en mi humilde opinión) que lamentablemente llegó a la misma fase que las últimas selecciones en otros mundiales. Pero no importa, esto es el comienzo de algo más grande. Esperemos. El lugar en la historia está esperando, sólo hay que ganar la Copa América en un año más, que además es en nuestro país. (Tangente a la tangente: si quiere leer cómo se puede arreglar la aun más perfectible Copa América, haga click aquí, y siga leyendo las otras partes).

Ahora, a pesar de todo lo bueno, también hay cosas que preocupan. Parafraseando al Puma Rodríguez, la FIFA tiene que empezar a escuchar la voz del pueblo. No me parece imposible un escenario donde Sepp Blatter haga tan mal la pega que la gente empiece a sintonizar otra cosa. Ya se acabó el tiempo donde las cosas públicas se apreciaban en cuanto a resultados, siendo ciegos al proceso. Parte de la población de Brasil efectivamente puso varios temas sobre la mesa con sus manifestaciones, y el mismo hecho de ver el mundial invita a la discusión de otros temas que son muy obvios, y que tienen repercusiones tanto dentro como fuera de la cancha. Si bien no puedo arreglar todo el mundial con una sola publicación (y si en realidad lo quisiera hacer, no lo publicaría todo acá, para que cualquiera pueda robar mi idea), quiero concentrarme en algunos aspectos. En esta primera parte hablaré sólo del ordenamiento de los equipos de la segunda ronda en adelante. Creo que un pequeño arreglo a las llaves puede llegar muy lejos en cuanto a transparencia y puede ayudar a eliminar la obvia relación que todos hacemos con favoritismos hacia los equipos históricamente buenos, o hacia el organizador de la copa.

Lo más importante que hay que destacar aquí es que no hay absolutamente ninguna necesidad de fijar las llaves antes de tiempo, con los ganadores de ciertos grupos jugando con los segundos de otros grupos ya determinados. A menos que quieras que todos piensen que la cosa está arreglada, claro está. Una extremadamente simple forma (que no quita la existencia de otras, que ojalá nos sentemos a discutir) de eliminar cualquier mal olor en cuanto a la clasificación desde la segunda ronda en adelante es ordenar a los equipos del 1 al 16 en cuanto a su desempeño en la fase de grupos, y parear a los mejores contra los peores, como premio al esfuerzo. Como ya dije, esto elimina cualquier favoritismo previo, y se concentra en el rendimiento de cada equipo en la misma copa del mundo, sin tener que recurrir a rankings previos (los cuales también tienen tantas cosas perfectibles... pero ya llegaremos a ello). 

Para esta copa del mundo, los equipos quedaron ordenados así, de acuerdo a su rendimiento en la fase de grupos:

#
País
PJ
G
E
P
GF
GC
DIF
PTS
1
Holanda
3
3
0
0
10
3
7
9
2
Colombia
3
3
0
0
9
2
7
9
3
Argentina
3
3
0
0
6
3
3
9
4
Bélgica
3
3
0
0
4
1
3
9
5
Francia
3
2
1
0
8
2
6
7
6
Brasil
3
2
1
0
7
2
5
7
7
Alemania
3
2
1
0
7
2
5
7
8
México
3
2
1
0
4
1
3
7
9
Costa Rica
3
2
1
0
4
1
3
7
10
Chile
3
2
0
1
5
3
2
6
11
Suiza
3
2
0
1
7
6
1
6
12
Uruguay
3
2
0
1
4
4
0
6
13
Argelia
3
1
1
1
6
5
1
4
14
Nigeria
3
1
1
1
3
3
0
4
15
Estados Unidos
3
1
1
1
4
4
0
4
16
Grecia
3
1
1
1
2
4
-2
4

Si vamos a darle ventajas a alguien, debería ser a quien se desempeña mejor en la fase de grupos, sin importar el ranking previo ni la localía. Claro, después de ver esta tabla se puede alegar que Argentina la tuvo mucho más fácil en la fase previa que, por ejemplo, Estados Unidos o el mismo Chile. Pero hay que empezar a arreglar el asunto por alguna parte, y si bien pretendo eventualmente llegar a los grupos, por ahora concentrémonos en arreglar parte por parte. Comenzando la simulación, tenemos entonces que Holanda tiene un partido muy fácil contra Grecia, y la lógica es idéntica para todos los otros equipos, con los mejores que van quedando pareados con los peores que van quedando. Así, los pareos son 1-16, 2-15, 3-14, 4-13, 5-12, 6-11, 7-10 y finalmente 8-9.

Estos pareos también deberían determinar el resto de la copa, por lo que el desempeño en la fase de grupos al final se convierte en lo más importante para asegurar un camino más fácil a la final. Así, las llaves para este mundial (cortesía de challonge.com, que me ahorró la pega de hacer los cuadros y de preocuparme de la estética) hubiesen quedado de esta forma, con la misma lógica del mejor enfrentando al peor:

Por supuesto que los gringos tienen un "hacedor de llaves para campeonatos". Lo raro sería que no existiera.

Un problema que aparece inmediatamente es la potencial repetición de partidos que ya ocurrieron en la fase de grupos. Acá se da el caso con Bélgica-Argelia y Argentina-Nigeria. Podría ser complicado desde el punto de vista del espectáculo, ya que la copa del mundo sólo consiste de 64 partidos, y repetir un par no parece tan atractivo, a menos que sea entre rivales que aseguren un gran partido, cosa que con estos dos no pasaría. Si bien preferiría que rivales de la fase de grupos no se encontraran de inmediato en la fase que sigue, tampoco es un problema tan terrible. Después de todo, prefiero la transparencia a un millón de otras cosas. Si fuiste el tercero mejor en la fase de grupos, te toca con el tercero peor. Fin. En una de esas el peor se inspira y juega a un mejor nivel que en la fase anterior. Quién sabe. 

Otro problema es que este ordenamiento puede determinar enfrentamientos emocionantes en fases anteriores a las esperadas. Siendo humilde, el mejor pareo de octavos es el de Alemania-Chile (considerando los actuales niveles de cada selección, no la historia). Y si seguimos jugando con esta simulación, digamos que quienes pasan a la siguiente fase y se enfrentan en cuartos, son, en el orden correspondiente: Holanda-México, Bélgica-Francia, Colombia-Alemania (Chile hubiese perdido 3-2 en penales con Pinilla, Sánchez y Jara fallando sus lanzamientos... se me ocurre) y Argentina-Brasil. Aquí probablemente sería quemado vivo, ya que el último pareo en cuartos de final es casi un crimen. Pero, nuevamente, si quieres llegar a la final por un camino fácil, rómpela en la fase de grupos. Así de sencillo. Que te regalen el camino hasta semifinales, como pasó con Argentina en este mundial, es injusto con 31 otros países y con cientos de millones de espectadores. Nadie debería tener su lugar determinado con anticipación.

Holanda-Francia es una muy buena semifinal, al igual que Alemania-Brasil (Argentina habría anotado gracias a un gol de Messi al minuto 80', pero un penal dudoso contra el (alerta de sarcasmo) súper suplente Jo, que Hulk cobra dramáticamente, sentencia el alargue. Aquí, otro gol de rodilla de Thiago Silva (quien tiene un aire a Álvaro Salas, a todo esto) los manda a la semifinal). Y como pueden ver, tres de los cuatro equipos que en realidad están en las semifinales, llegan también en la simulación, y el segundo pareo se jugará mañana mismo. Si al final del día estas propuestas de modificaciones no tienen como fin favorecer ni a mi equipo, ni pretender que otro equipo con menos talento gane la copa, sino simplemente sacar el olor a arreglo y extinguir de una vez por todas las muy válidas acusaciones por parte de prácticamente todo el mundo en contra de la FIFA, yendo parte por parte. Si al final la mejor selección ganará de todas formas, ¿por qué no hacerlo en una llave transparente, justa, y que elimina potenciales problemas (como, siendo un poco majadero, el pase libre de Argentina hasta la semifinal)?

Los países sudamericanos serán parte de la mejor confederación de fútbol hoy en día (al menos en calidad per capita, si se quiere), pero por su rendimiento en la copa no merecen ganar nada, así que una final ideal sería Holanda-Alemania. A pesar de que esta última selección siempre ha tenido y tendrá un lugar en mi corazón (¡excepto en la Euro '96, cuando quería que ganara la República Checa!), deseo esta vez que gane Holanda, tanto en la simulación como en la realidad. Ya es hora de que la Naranja deje de ser la Universidad Católica de las selecciones nacionales y levante el título que quizá debieron de haber ganado hace cuatro años.

Ahora sólo queda sintonizar y disfrutar los cuatro partidos que quedan (pensar eso ya me tiene triste). La segunda parte vendrá después del fin del mundial, y si bien no la tengo planeada, supongo que se centrará en el sorteo y en la clasificación en general, cosas que también necesitan una buena manito de gato. Si una parte resulta muy larga, hablaré de las dos cosas en dos partes. Otra parte adicional también está pensada, que trataría de un análisis de ediciones mundialeras anteriores y la justificación a la siguiente afirmación: los mundiales antes de 1970, aproximadamente (más o menos con el cambio de trofeo de la Jules Rimet a la copa actual, que ocurrió en 1974) no deberían pesar lo mismo que las victorias contemporáneas. Hay un antes y un después de esos tiempos. Interesante, ¿no?

Hasta la próxima.

PS: Hoy se cumplen doce años de cuando mi padre falleció. Donde estés, siéntate a tomar una cerveza mientras ves la final. Así seremos dos.

jueves, 2 de agosto de 2012

El viaje.

Hola. Lo que están leyendo en estos momentos salió luego de pensar en hacerlo muchos días y ejecutarlo en más de una noche donde no podía (o más bien, me rehusaba semi-conscientemente a) dormir.

Convencido de que la vida en Estados Unidos me va a cambiar, quiero dejar una especie de testamento de las cosas que creo hasta ahora, también para evidenciar que el cambio (espero) no será en las cosas importantes, y más será una mejoría y un empujón para hacer las cosas de mejor manera, y también, saber dónde y a quién recurrir para lograr lo propuesto.

Usted probablemente se pregunte: "¿Estados Unidos?" Yo le diré "claro." Resulta, por si no sabe, que me voy a estudiar un doctorado en Ciencia Política a la Universidad de Pittsburgh, así que dejaré mi querido y hermoso Chile (entiéndase como, más que Santiago) por un tiempo considerable. Al mismo tiempo, no creo que visite este blog de forma recurrente, ya que no sé si me queda tiempo para dedicarle a algo que nadie presta atención, cuando uno de sus objetivos es eso mismo: que le presten atención. Para eso, mejor escribo en un diario de vida, o experimento con escribir historias, y nadie se entera de nada hasta que se vean los frutos de ello. En fin.

Me voy de mi país con un sentimiento de que, en general, las cosas se pueden hacer mucho mejor. De hecho, mucho tiempo he pensado que el lema del país debería ser algo como "Chile: las cosas podrían andar tanto mejor!" Me parece que nací en un país que es un buen país, pero uno que es generoso (y bastante) con personas con las que no tiene que serlo siempre, y es tacaño con la gran mayoría, cuando tampoco tendría que serlo. Eso sí, no creo ni que haya que tirar a los militares a la calle, ni que las grandes alamedas se tengan que abrir pronto. Creo, reduciendo todo a una extremadamente simple oración, que hay que hacer cosas, más que hablar sobre que las vamos a hacer, y que, por extensión, las justificaciones por no hacer algo son irritantes.

Como esto puede convertirse en una discusión un poco complicada y larga, cortaré por el lado sano, que se relaciona con mi especialidad. Yo creo que la política está en todos lados, en todas las relaciones personales, y renegar de ella es un tanto ridículo. Al mismo tiempo, y a pesar de que a cada rato me quieren convencer de lo contrario, creo que la gente es inherentemente buena. Si entendemos la política como la relación de poder de un individuo o ente sobre otro individuo o ente en una sociedad, y cómo nos ordenamos dentro de ella para llegar al mejor escenario para todos, estas relaciones siempre están presentes, e incluso pueden variar de sentido si cambiamos el foco que utilizamos para el análisis, y también poseer distintos niveles de importancia, dependiendo de la situación. Así, por ejemplo tenemos: mucha gente es más alta que yo, pero yo corro más rápido los 200 metros planos que muchos de ellos. En unas olimpiadas escolares más sirve correr rápido, así que mis chances de ganar medallas es mayor que la de esos chicos altos.

Estas relaciones de poder no tienen por qué estar en una pugna constante, si no que todos podemos trabajar hacia la consecución de fines parecidos a todos, con las virtudes de las que cada uno dispone. Bajo este supuesto, la política es necesaria, y más que a unos pocos, necesita a un variopinto de individuos y de realidades. El problema es que el ejercicio de la política y la contrastación de opiniones diversas y las propuestas de cambio al status quo son ejercicios que, en su mayoría, requieren de mucho tiempo y paciencia. Estos son recursos muy escasos, por lo que las empresas, cualquiera que éstas sean, se pueden convertir en utópicas rápidamente y desilusionar a muchos en el camino.

De esta forma, la consecución de estos fines requiere de gente comprometida con el bien común, y que, a pesar de pertenecer a una élite privilegiada (que en este caso sería la de los gobernantes), recuerde que las decisiones se toman para todos. Tomando a Rawls y su teoría de la justicia por enésima vez, se necesita de gente que se coloque un velo de ignorancia sobre la situación actual de todos los actores en juego, y llegue a soluciones que beneficien a la mayor cantidad posible de personas del total del grupo afectado. Esto logra que la gente aprecie la labor de quienes están en dicha élite, y no encuentre razones para denostar su trabajo, o acusarlos de poner sus intereses por sobre el interés general, o inicie las peleas chicas, que tanto tiempo toman y no tienen ningún sentido. Esto último finalmente invita a la apatía y al desapego de los ciudadanos hacia el ejercicio del poder dentro de la misma sociedad en la que viven, se desarrollan y mueren. Ejercicio, este último, que va un poco contra el sentido común. Así, se genera un círculo donde no se sabe el inicio, que involucra por un lado a gente responsable y comprometida con los ideales de su entorno, y por el otro a una élite que responda a esos ideales y que los siga por sobre cualquier interés propio.

Ahora, enseñar esto en la práctica no es fácil, pero creo que la formación de gente como yo puede ser (aunque es sólo un factor) parte de la solución. Es importante dotarnos de mayor experiencia y de ejemplos de otras partes del mundo (buenos y malos), y obtener herramientas para saber transmitir los conocimientos a quienes quieren escuchar. Eso sí, una condición necesaria es que el capital humano sea reconocido de vuelta en el país, y no sólo en la capital. Con esto me refiero a que se tengan las condiciones físicas y técnicas para recibir a gente preparada para llevar las riendas de los cambios generacionales, así como también que, en varios ámbitos, se abran las mentes a otras experiencias y a que las cosas siempre se pueden hacer de otra manera.

Al mismo tiempo, el acceso a la información es un elemento clave para que los ciudadanos se empoderen, y no compren cuentos baratos de gente que sólo busca satisfacer deseos de grandeza. La política es tarea de todos, y todos podemos ayudar a sacar de carrera a candidatos populistas y votar a los candidatos que hablan lo suficiente, pero que tienen real capacidad de desafiar el orden establecido a través de sus acciones. Esto no necesariamente tiene que conducir a revoluciones radicales cada cuatro años, si no a gobiernos más horizontales, menos cortoplacistas y con resultados importantes en temas importantes.

Los medios (cómo me gusta hablar de ellos!) tienen una labor importante en dicho empoderamiento, y considero que ellos (refiriéndome aun a los medios tradicionales, que poseen la mayoría del alcance actual) tienen una decisión que tomar, que hasta ahora ha sido casi siempre la incorrecta. Al entregarse a las leyes del mercado y de la venta de productos, así como al people meter, han sucumbido (principalmente la televisión) al oligopolio del avisaje y a las parrillas programáticas mediocres. Sería bueno que los medios tomaran su deber más seriamente, y que puedan responder por los actos que cometen (por ejemplo, ser amarillos en la información y entregar información errada) de una manera más recurrente, y con sanciones más severas. Al mismo tiempo, medios menos convencionales deben ser adquiridos y legitimados. Con esto me refiero a foros en internet, a podcasts y otros.

Por todo lo anterior, mis ganas de volver a Chile a trabajar por mis compatriotas son muy grandes, y ahora mismo me cuesta mucho dejar mi tierra, pero las travesías por el desierto ayudan a todo el mundo. Si bien, esta será una travesía con más bondades que dificultades, cabe en la definición debido a que es un camino de aprendizaje y de desafíos (en este caso, intelectuales) que obviamente me hará retornar más fuerte y más sabio, dispuesto a devolver en actos tanto a quienes me dieron la oportunidad de partir, como a quienes pueda con el alcance de esos mismos actos.

Eso sí, me gustaría mucho que en el intertanto exista un aprendizaje cultural que nos permita ser más abiertos, tolerantes y menos discriminadores (aunque encuentre que la palabra se usa mal; yo prefiero el término segregación), racistas y menos bocones (o mejor dicho, que nuestra proporción de actos versus lo que decimos que vamos a hacer sea más cercana a 1). Este país podría estar mucho mejor de lo que está hoy en día, y algo de lo que no nos percatamos es que todos podemos aportar en algo para que el resto  esté mejor. La vida en sociedad nos necesita a cada uno de nosotros, ya sea haciendo lo que mejor hacemos o lo que nos más nos gusta, para que se pueda alcanzar el máximo potencial de cada vez más individuos.

Es un trabajo conjunto, y todos tendríamos que creer que somos responsables de los demás, que somos parte de sus éxitos y que sufrimos sus fracasos, y que estamos para el otro cuando ellos caigan, así como cuando alcanzan sus sueños. Cuando confiemos seremos mejores... pero para confiar hay que actuar de manera correcta, pase lo que pase. Esto último podría partir (pero no necesariamente se remite sólo a ellos) con nuestros gobernantes, que deben olvidarse de tener a la política como un negocio redondo, y deben entenderlo como un real servicio a la sociedad. Este es el tiempo de los cambios, y espero que en un tiempo más se puedan generar amplios y serios debates y podamos contemplar cuánto hemos mejorado en menos de una década.

Bueno, si leen esto y creen que les sirve para algo, me lo pueden contar. Me gustaría saber qué tanto puede ayudar todo lo que hago en el resto, y honestamente, si puedo compartir los frutos y resultados de esta experiencia con alguien más, todo se hace más gratificante.

Que sea un buen viaje para todos.

El discurso

Este, como casi todo mi blog en realidad, es un ejercicio de futilidad. 

Después de ver tantas veces y por tanto tiempo que los presidentes chilenos parecen sucumbir a un supuesto mal que aqueja a quien llega a ese puesto, que es ser extremadamente correcto con todos los integrantes de la élite política (donde se aplica perfectamente el dicho "otra cosa es con guitarra", luego de la guerra de promesas entre los candidatos, que tanto mal nos hace), decidí redactar un discurso que recomendaría seriamente para ser utilizado por un nuevo Presidente. Creo que el país debería replantearse seriamente muchos temas, y tomar acción al respecto. Esto puede que nos ayude a convivir mejor de cara al futuro. Aunque sé que la cosa puede dar para mucho más, y hay temas que podrían discutirse más o mejor, aquí va mi humilde intento.


Queridos ciudadanos y compatriotas:

La alegría que me embarga es inconmensurable, este es un día donde una vez más ha ganado la democracia y el sentir de la población chilena. Les hablo desde mi corazón cuando les digo que haré todo lo que está a mi alcance (y luego un poco más) para hacer de esta nación un país más justo, más igualitario y uno mirado como referencia a nivel internacional en diversos ámbitos positivos.

Vamos por parte. Presidentes anteriores tenían en mente un desarrollo económico sin mayores reparos y casi por el afán de lograrlo, para estar posicionados con países de realidades que ni siquiera se comparan con la nuestra, y por una miope creencia que el desarrollo económico es el único factor de aumento en la calidad de vida de los ciudadanos de un país. Es por esto que quisiera dedicar mi tiempo en La Moneda para legitimar otra forma de desarrollo, uno que va de la mano con otra forma de vivir, y que se centra principalmente en los ciudadanos. Un desarrollo que cumpla con todos los alcances de la palabra, pero cuyo enfoque está en cada uno de nosotros, en nuestro trabajo, en una recompensa adecuada por el mismo, y por los frutos que todos cosecharemos en el futuro.

Quiero que esto quede muy claro: no se trata de ideología. Quien les habla no se siente para nada socialista, ni menos comunista. Lo mismo para el otro lado del espectro político. Se trata de alguien que ha observado distintos tipos de realidades de mucha gente en distintos lugares del mundo, y cree que ha llegado a una visión sincera y honesta de cómo deberían ser las cosas, y siente que ha llegado el momento de aplicarlo en este hermoso país, donde tuve la fortuna de nacer, y que hoy tengo la fortuna de gobernar junto a mi equipo. No se trata de ejes anacrónicos, si no de personas que quieren lo mejor para otras personas, asumiendo que cualquiera podría estar en el lugar del otro.

Sé que tendré que enfrentarme a un Congreso que tiene su propia visión de las cosas, pero ese poder del Estado, aunque muchos puedan creerlo así (y de forma equivocada, a todo esto), no está ahí por nada. La idea es llegar a consensos y a leyes justas para la mayor parte de la población. El problema que se ha presentado hasta ahora es que quienes gobiernan han buscado, en su mayoría, vivir de la política y no vivir para ella. Parte de esto es el descabellado sistema que tenemos para vivir y trabajar, que nos impide a todos desarrollarnos como podríamos.

Este país tiene lo que pocos tienen: una diversidad climática y recursos naturales que pueden brindarnos bienestar. Sin embargo, no hemos sabido aprovechar bien lo que nos ha tocado, y permitimos que influencias externas dicten nuestra forma de relacionarnos con todo lo que puede ayudarnos a mejorar considerablemente nuestra calidad de vida. Así hemos permitido que se nos obligue a trabajar hasta matarnos, y no vivir hasta que, a veces, es demasiado tarde.

Si bien esta no es una invitación al aislacionismo - debido a que necesitamos a los países de la región, con quienes formamos una singular unidad llena de gente maravillosa y cuna del nuevo mundo - es el momento que Chile se tome un tiempo para pensar en su población y en qué quiere ser dentro de las próximas décadas. Ya hubo gobiernos que trabajaron incansablemente en otros temas, pero llegó la hora de utilizar los recursos disponibles para trabajar en nosotros mismos.

Esto lo vamos a lograr como país. Esto no se trata de una persona, o una élite política tomando las decisiones por los demás, sino que es un plan de gobierno, más allá de los colores políticos, de la ideología, y absolutamente en contra de la idea del cortoplacismo para la acción. Si bien es esto último lo que sirve de combustible para la pelea chica y la promesa fácil, sólo los candidatos mediocres y los electores miopes pueden caer en un juego así por tanto tiempo. Nosotros somos mejores que eso. Ha llegado la hora de cambiar la política y la sociedad chilena, desde dentro.

Chile es un país muy rico, y con una capacidad de serlo aun más. Si recolectamos mayor cantidad de royalty por todo lo que explotamos de nuestros ricos suelos, si llevamos cuentas claras sobre los impuestos a las empresas y somos inteligentes con la situación del litio, por ejemplo, sumando todo esto a la excelente capacidad actual de recolección impositiva del país, podemos disponer de arcas muy grandes. También tenemos que considerar mejorar impuestos como el IVA o al libro. Pero, tal como la idea del mercantilismo se puso en duda en siglos anteriores, tener riquezas para guardarlas es contraproducente.

En mi cabeza no cabe la idea de que, por ejemplo, una ciudad como Calama no tenga lo último en tecnología, un hospital de calidad nacional, amplias redes de transporte, colegios de gran calidad y un capital humano competitivo en diversas áreas, siendo que aporta la primera fuente de riqueza del país, en el cobre extraído de minas como Chuquicamata. En el sur de nuestro país, la Patagonia podría estar tanto mejor. Quizá otro país sabría aprovecharla mejor, y eso es imperdonable. La regionalización es una deuda muy grande y algo que ha estado pendiente desde siempre. Esta agenda presidencial tendrá la descentralización como tema prioritario, y no permitiremos que se posponga aun más.

Otro tema se relaciona con la desigualdad. Que un 1% de la población esté en posesión de más del 40% de los recursos del país es simplemente inaceptable. Que el pan y los libros tengan un impuesto tan injusto, aplicado por igual desde el chileno más pobre hasta el chileno más rico, es inaceptable. Que un kiosco pague más dinero en permisos que una cadena de supermercados es inaceptable. Que exista colusión en muchos ámbitos del mercado es inaceptable. Y ojo, también es inaceptable que dos coaliciones concentren todo el poder político, cuando apenas la mitad de la población se identifica con ellos.

Quisiera que en nuestro país nos replanteáramos muchos temas. No sólo la educación como estructura rígida, sino que por parte: ¿está bien como educamos a nuestros niños? ¿no deberían tener más horas de ocio? ¿no necesitan cultivar sus mentes de otras maneras que hoy no tienen cabida? No sólo el trabajo como estructura rígida, sino que de manera desagregada: ¿no trabajamos mucho? ¿logramos lo que queremos con lo que hacemos? ¿tenemos una buena vida fuera del trabajo? ¿qué tal si trabajamos por resultados más que por horario? ¿hemos pensado en jornadas diferenciadas?

La labor de los medios de comunicación también es algo que debemos replantearnos. Aparte del hecho, de nuestra vergonzosa gran singularidad, de que los medios están concentrados por un puñado de grupos de poder, y no todas las visiones son escuchadas (otro lugar donde existe un oligopolio, para gran sorpresa), aparte de esto, ¿no les parece que deberían ser una estructura con amplia capacidad de rendición de cuentas? Si todos tenemos que rendir cuentas en nuestros trabajos, y los políticos debemos ser capaces de aceptar la responsabilidad cuando se hace algo mal, ¿por qué los medios pueden decir lo que se les dé la gana, sin tener verdaderos mecanismos de retribución?

El denominado "cuarto poder" tiene el deber de ser imparcial, pero su sentido de la "información" siempre parece estar supeditado a la publicidad y a quienes pagan por sus avisos. Hasta la televisión pública ha caído en el juego, y se ha nivelado hacia abajo en cuanto a contenidos. El deber moral de educar se ha olvidado, y se ha dado paso a una lucha sin control por la cantidad más que la calidad. Esto es culpa de todos: de los legisladores por permitir que los negocios se tomen todos los aspectos de nuestras vidas; de los consumidores que no parecen tener gusto y empeñan la moral por un rato de diversión; y de los dueños de los distintos medios, quienes se aprovechan de los vacíos. Esto debe cambiar.

La forma de hacer las cosas en este nuevo tiempo no es una que haya que inventar o descubrir. El actual sistema, tal como está, ya ha probado ser insuficiente, y ahora hay que sumarle otra problemática: no es sostenible al largo plazo. No es ni siquiera sostenible al mediano plazo, por lo que sería bueno comenzar a actuar.

Este plan de gobierno contempla una vuelta hacia nosotros mismos, evaluando qué necesitamos de manera más urgente, y qué podemos cubrir con los amplios recursos de los que, afortunadamente, disponemos. La educación y la salud son nuestra primerísima prioridad. Más vale gastar un peso en salud temprana que uno en remedios que, más encima, tienen en su mayoría efectos secundarios. Más vale gastar un peso en infraestructura educacional que uno en planes anti-drogadicción para jóvenes que no supieron valorar sus propias capacidades, por no contar con las herramientas intangibles que otorga la educación.

El acceso a la vivienda, al trabajo y a un transporte público óptimo son los problemas que siguen en la agenda. Es importante brindar viviendas de calidad, salarios justos y conectividad para todas las regiones del país. Siguiendo con esto último, es imperativo aprobar legislación en pro de la regionalización y del acceso a subsidios y dineros para estimular el desarrollo de las regiones. La descentralización está en el siguiente nivel de la agenda de gobierno, y constituye un tópico de especial relevancia, tanto por los crecientes problemas que presenta Santiago como receptora de nuevos migrantes, así como también con la injusticia hacia otras regiones, que no son recompensadas por todo lo que entregan a la riqueza general del país.

Esta administración también hará un esfuerzo consciente de evidenciar el discurso oculto bajo el cual se vive en las sociedades occidentales, y si bien, no se muestra como un ferviente contrario al mismo, sí es un incansable crítico, y espera que un reconocimiento de sus virtudes y sus defectos pueda ayudar a construir una nueva forma de vida, adaptable a este maravilloso país. Al mismo tiempo, una limpieza de la imagen de la política es menester en una democracia que no quiere cometer errores ya cometidos. No hay que ir muy lejos (ni geográficamente, ni en el tiempo) para darse cuenta de lo que podemos llegar a ser si somos ciegos a lo que ocurre cuando damos la espalda a los valores democráticos y republicanos. La crisis de representatividad actual debe acabarse, antes que ésta acabe con nuestra democracia.

Sin más, espero que todos podamos trabajar en esta gran tarea que requiere un pensamiento al mediano y largo plazo, sin caer en la fácil tentación de la promesa inmediata y del retorno sin sacrificios. Para esta tarea necesitamos gente dispuesta en creer en el bien común, y en que el trabajo para un país mejor requiere de sus integrantes poniendo su grano de arena. Espero poder ser el líder de este nuevo Chile, uno con ganas de salir adelante, que destaque por la calidad y calidez de su gente, y porque las cosas se hacen tan bien como podrían hacerse.

Muchas gracias.